El duelo no solo surge por perder a un ser querido; también se activa ante pérdidas significativas como la movilidad corporal, implicando despedirse de una parte esencial de nuestra identidad.

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Cuando pensamos en el concepto de «duelo», la mente suele evocar la pérdida física de un ser querido. Sin embargo, especialistas en psicología del duelo, saben que este proceso se activa ante cualquier pérdida significativa, incluyendo la de nuestras propias capacidades corporales. Perder la movilidad es, en esencia, despedirse de una parte de la identidad y de la forma en que se interactúa con el mundo.

LAS FASES DEL DUELO

  1. Shock y Negación: Al inicio de un diagnóstico o tras un accidente, aparece un mecanismo de defensa natural. La mente se niega a aceptar que la inmovilidad sea permanente. Es un «amortiguador» temporal contra un impacto emocional que, de otro modo, sería abrumador.
  2. Ira y Frustración: Al asimilar la realidad, surge la pregunta: ¿Por qué a mí? En su estudio sobre lesiones de la médula espinal, la investigadora S. Clifton (2014) describe este periodo como un profundo choque con un «cuerpo que se siente roto», lo que genera un enojo legítimo hacia la injusticia de la situación.
  3. Negociación: La persona busca incansablemente alternativas, tratamientos experimentales o hace pactos internos con la esperanza de recuperar el movimiento. Es un intento desesperado por retomar el control de su vida.
  4. Tristeza Profunda: Al percatarse de que la limitación física es real y persistente, aparece una profunda tristeza. Autores como Alaszewski y colaboradores (2004) señalan que esta fase no debe patologizarse a la ligera; es una tristeza necesaria para asimilar y procesar la nueva realidad.
  5. Aceptación e Integración: No significa resignación o felicidad por la pérdida, sino la integración de la nueva condición a la vida diaria. Como indica la especialista S. M. Schwab-Farrell (2026), permitir el espacio para transitar este dolor abre el camino hacia una resiliencia real, donde el individuo aprende a redefinir su valor y sus metas.

El papel de la familia: Un pilar en la transición

Un puente hacia la empatía

La familia y el entorno cercano juegan un rol crucial en este proceso. Investigaciones en psicología familiar, como las de J. Rolland (2018), destacan que los seres queridos también experimentan un «duelo sistémico» al adaptarse a la nueva realidad de su familiar. El apoyo más efectivo no consiste en exigir una «actitud positiva» constante —lo que puede invalidar el dolor de la persona—, sino en ofrecer una presencia compasiva. Esto implica escuchar sin juzgar, validar la frustración y, fundamentalmente, fomentar la autonomía de la persona, permitiéndole tomar sus propias decisiones y adaptarse con herramientas de asistencia a su propio ritmo.

Un puente hacia la empatía

El duelo por movilidad no es un proceso lineal; se avanza y se retrocede. Comprender sus fases y contar con una red familiar que sostenga sin presionar es el mayor recurso para que la persona pueda transitar este camino y reconstruir, con dignidad, su nueva identidad.

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